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Más vale tarde…

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Quiero comenzar este artículo pidiendo disculpas. Debería haber entregado este artículo la semana pasada y, por causas diversas, no fue así. Recientemente leí un artículo que se refería al caos como “aquella situación en la cual sobresale y prima el desorden y la confusión, generalmente, provocada por algún desastre, tragedia o acontecimiento inesperado”. Desastres y tragedias, afortunadamente, no se han producido. Caos por desorden, sí. Mis disculpas.

Esta semana quiero compartir unas líneas de uno de mis escritores favoritos. Poeta, filósofo, artista, músico… Descubrí a Rabindranath Tagore bastante pequeña, a través de una de sus breves piezas teatrales, “El Cartero del Rey”, y desde entonces siempre he encontrado en sus escritos palabras que han sido una fuente de inspiración a la hora de escribir o enfrentarme a cualquier redacción.

A través de sus obras, que supusieron en su día una revolución para la literatura bengalí, se observa un claro retrato de la sociedad de la India. Una de las cosas que más admiro de Tagore es cómo supo plasmar, conforme avanzaban los años, la metamorfosis que fue surgiendo en la sociedad India a raíz del proceso de “europeización” que vivieron durante décadas. La evolución literaria del autor es, a mi modo de ver, sublime. Algo especial debe tener si le dieron el Nobel de Literatura en 1913, ¿verdad?

Uno de mis textos preferidos pertenece al libro “Mis recuerdos”, del que extraigo aquí las primeras líneas. Espero que os cautive tanto como a mí, y que si en algún momento os encontráis bloqueados frente a un folio en blanco os sea de ayuda. Si no lo habíais leído hasta ahora, os recomiendo  hacerlo. Más vale tarde… que nunca. J

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 “No sé quién pintó las imágenes de mi vida impresas en mi memoria. Pero quienquiera que sea, es un artista. No coge su pincel simplemente para reproducir todo lo que sucede, sino que conserva cosas o las descarta según le parece. Convierte lo grande en pequeño y lo pequeño en grande; no tiene reparos en relegar cosas a un segundo plano y al revés. Para abreviar, su tarea es pintar imágenes, no escribir historia. A medida que el flujo de acontecimientos va conformando el exterior de nuestra vida, en nuestro interior se van plasmando una serie de imágenes. Las dos partes guardan una estrecha relación, pero no son idénticas.

No nos tomamos el tiempo para observar con atención ese lienzo interior. De vez en cuando vislumbramos un fragmento, pero la mayor parte permanece oscura, oculta a nuestros ojos. ¿Por qué pinta el artista sin parar, cuándo completará su trabajo y qué galería está destinada a colgar sus pinturas?, ¿quién lo sabe?

Hace unos años, alguien me preguntó sobre los acontecimientos de mi pasado y tuve ocasión de explorar esa sala de pinturas. Había pensado que lo dejaría tras seleccionar unos cuantos episodios de mi historia. Pero al abrir la puerta, descubrí que los recuerdos de una vida no son su historia, sino creaciones originales de un artista invisible. La variedad de colores alrededor no son reflejos del mundo exterior, sino que pertenecen al pintor mismo y provienen, teñidos de pasión, de su propio corazón, imposibilitando con ello que lo plasmado en el lienzo pueda ser usado como evidencia ante la Justicia.

Sin embargo, aunque pueda resultar estéril el intento de reconstruir una historia precisa y lógica a partir del almacén de los recuerdos, resulta fascinante revolver entre las imágenes. Su hechizo se apoderó de mí. Mientras hacemos camino, parándonos sólo a descansar en los distintos refugios a la vera de la ruta, no vemos esas imágenes… las cosas nos parecen simplemente útiles, demasiado inmediatas para el recuerdo. Cuando el viajero ya no las necesita y ha llegado a su destino es cuando empiezan a surgir de nuevo. Todas las ciudades, praderas, ríos y colinas que atravesó en la mañana de su vida desfilan por su mente cuando se relaja al anochecer. De esa manera, miré con serenidad hacia atrás y quedé absorto con lo que vi.

¿Se despertó ese interés sólo por un cariño natural hacia mi pasado? Alguna inclinación personal tiene que haber habido, desde luego, pero las imágenes tienen un valor propio. Entre mis recuerdos no hay ningún episodio que merezca ser conservado eternamente. A pesar de ello, el valor literario no depende de la importancia del tema. Si somos capaces de transmitir a los demás algo que hayamos sentido de veras, ese algo será siempre acogido con respeto. Si las imágenes que han tomado forma en mi memoria pueden ser expresadas en palabras, serán dignas de un lugar en la literatura.

Así es como presento las imágenes de mis recuerdos, como material literario. Considerarlas como un intento de autobiografía sería un error. Desde esa perspectiva parecerían redundantes e incompletas.”

Rabindranath Tagore

Imagen nº1: Rabindranath Tagore // Imagen nº2: Portada del libro "Mis Recuerdos" de Ediciones del Viento