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Crayons on the wall

por Cultura de Comunicación

Communicate. I could probably start writting this post talking about the caveman and the Atapuerca paintings or the early manuscripts of Egypt. Everything, of course without any kind of scientific accurancy and repeating some things you really don’t care. So, I will start talking about that moment when you asked for food crying to your mum. Or that other when you had a big tantrum just because someone stole your toy and suddenly your reaction was to throw your baby-walker to the ground such a cyclone.

You will probably recognize that moment when you used your crayons to express all your creativity to decorate the walls of your house. Actually, your mum had the opportunity to communicate you that you had a big mistake, taking you the crayons away and providing a healthy beating. Maybe you don’t remember, but of course you cried.

You were communicating when you stole the ball to those kids, when you broke your friend’s doll, when you exchanged notes with that boy at school, when you tried unsuccessfully to makeup for the first time. Even when you wrote that message on the bathroom’s door with your name and that guy’s name all together.

You have dedicated your life to communicate because you are designed to. Because you are a human and that’s the way life is. Your History teacher knew about your boredom when you were yawning trying not to be discovered even with a tear about to drop from the eye.

This is communication. You make it unvoluntary but you are describing yourself. The only difference between you and an artist is the capacity to canalize that communication.
The journalist brought door engravings into pieces of information. The writer got a novel from the love notes. The musician expressed with music all the feelings and the graffitti is being created by the people who still had the chance to leave an expressionist message along the walls of the corridor.

CERA EN LAS PAREDES

Comunicarse. Probablemente podría comenzar este post hablando del hombre de las cavernas, de las pinturas de Atapuerca y de los primeros manuscritos encontrados en Egipto. Todo sin demasiado rigor científico y repitiendo una serie de cosas que más bien te importan poco. Así que empezaré a hablarte de aquella vez que no recuerdas pero le pediste de comer a tu madre llorando. O aquella otra en la que tenías un berrinche tan grande porque te habían quitado un juguete, que con la fuerza de un ciclón te tiraste del tacatá.

Probablemente te resulte conocido aquel momento en el que agarraste las “Plastidecor” y decidiste que la pared del pasillo era un lienzo en blanco para expresar tu creatividad. Tu madre, se comunicó contigo en aquel momento dándote un golpecito en el pañal y quitándote las ceras. Puede que no lo recuerdes, o puede que sí. Por supuesto, lloraste.

También te comunicabas cuando le quitabas el balón a aquellos niños, cuando le rompiste la muñeca a tu amiga, cuando te pasabas notitas con aquel niño del colegio, cuando comenzaste a probar de manera poco afortunada la sombra de ojos y el carmín. Incluso cuando escribiste en la puerta de aquel baño tu nombre y el de aquel chaval del instituto un par de años mayor que tú.

Te has pasado toda tu vida dedicándote a la comunicación. Te comunicas porque es tu razón de ser y porque la vida es así y eres un auténtico profesional. Tu profesor de historia sabía que te aburrías cuando bostezabas en su clases intentando que no se notara, pero la lágrima del ojillo a punto de estallar te delataba.

Estás expresándote constantemente. Lo haces de manera absolutamente involuntaria, pero nos estás contando muchas cosas sobre tí. La diferencia entre tú y un artista solo radica en que el artista sabe canalizar esa comunicación.
El periodista convirtió los grabados de los aseos en noticia. La escritora tradujo las notas de amor al formato de novela. El músico hizo de sus sentimientos, melodías y el grafitero es aquel chico que primero dejó mensajes expresionistas de cera en las paredes.

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